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Cospedal y el nazismo

En el proceso de demonización de las protestas ciudadanas, la hipérbole puede ser muy peligrosa cuando se trata de relacionar conceptos desiguales e imposibles.

María Dolores de Cospedal, secretaria general del partido que gobierna, ha comparado las protestas ciudadanos en el entorno personal de los dirigentes políticos con las prácticas que realizó el nazismo en Alemania, como preludio del exterminio de los judíos.

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Las fuerzas paramilitares del nazismo no se manifestaban ante las casas o los negocios de los judíos; las asaltaban y destruían. Y con estos episodios, que tuvieron su epicentro en la llamada “noche de los cristales rotos”, se abrió la espita progresiva que condujo a Auschwitz Birkenau y otros campos de concentración para labores de exterminio sistemático.

Lo que en España, importando un concepto que se acuñó en Argentina, está ocurriendo, es que grupos de personas organizadas se desplazan a los lugares donde residen o trabajan quienes consideran responsables de las consecuencias de esta crisis, para protestar de forma pacífica ante ellos. No ha ocurrido un solo episodio de violencia, o como máximo, subidas de tono en los gritos que se profieren. Nada de asaltos ni cristales rotos.

Pero la diferencia más importante y sustantiva es que los escraches no los organiza el poder establecido, como ocurría en Alemania. Y no existe ningún plan para linchar, agredir o destruir las propiedades de quienes sufren las protestas. Se trata del desahogo ciudadana allí donde pueden encontrar a los dirigentes que gobiernan esta crisis. Y se realizan en ese entorno privado porque estos líderes están blindados en cualquier lugar, inaccesibles a la ciudadanía.

Cuando se intentó protestar ante el Congreso de los Diputados, residencia de la soberanía popular, la policía se encargó de que el lugar fuera inaccesible. Se calificó la iniciativa de “intolerable”. ¿Dónde considera el Gobierno que pueden protestar los ciudadanos?

La comparación de Cospedal de los escraches con el nazismo no solo es insoportable, imposible e intolerable, sino además, una escalada en la criminalización de la ciudadanía y sus representantes.

El PP ha jugado fuerte en esa demonización. Sucesivamente lo ha hecho con los inmigrantes ilegales, a los que ha privado de asistencia sanitaria, los sindicatos, los médicos en protesta, los maestros e incluso los jueces.

Ahora llaman nazis a los participantes en los escraches. La tentación sería utilizar otra hipérbole como respuesta a la que ha promovido Cospedal. Pero una escalada no conduce a nada. Habría que pensar si no se parece más al nazismo ayudar con dinero público a la Banca y permitir que siga desalojando a ciudadanos de sus casas sin regular la forma de impedirlo.

Los nazis se quedaban con las propiedades de los judíos. Los escrachistas solo tratan de evitar que los ciudadanos comunes, “los judíos” de esta España desigual, sigan perdiendo sus propiedades en manos de los bancos que han sido auxiliados y protegidos económicamente por el estado.

Reflexionemos con serenidad. El problema esencial no son las protestas sino los desahucios. Demonizando y persiguiendo a los manifestantes se empuja hacia protestas más radicales, porque no desaparece la injusticia que las promueve.

Debiera relajarse la señora Cospedal que, a diferencia de los judíos alemanes y los pobres de España, tiene mucha protección y blindaje para su vida personal. Debiera preocuparse por los perseguidos y no por los perseguidores. Esa sería la única comparación posible –naturalmente exagerada e inadmisible- entre la Alemania Nazi y la España que todavía es democrática.

Mayo del 2013: sin espacios para el disenso

Como era previsible, el conjunto de medidas impuestas por la Unión Europea y aplicadas por el Gobierno, no solo no han mejorado la situación económica, sino que la han agravado. La respuesta, instalada en la tozudez, es más dosis de una medicina inicua que agravará la situación del paciente, de la mayoría de los ciudadanos. La Unión Europea exige a Rajoy más impuestos y nuevos recortes. Y el estado de indignación de la sociedad entenderá esos nuevos sacrificios como una provocación.

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Mayo tiene, desde el 68, un sello de rebeldía. Es un mes carismático y adecuado a la explosión social. Y los disensos de la sociedad con las imposiciones del poder no encuentras vías de manifestación que dibujen un camino hacia un nuevo consenso social.

Una sociedad arrinconada termina por reventar; cuando se empuja contra un muro, la salida, en la estrategia militar, convoca a la rendición o a la lucha desesperada. Y en esas estamos. Los llamados escraches son la válvula de escape para acercarse a unos dirigentes que se han blindado frente a las legítimas protestas de los ciudadanos. Y la solución que se plantea no es atajar la raíz de los problemas sino nuevas medidas coercitivas para cerrar y arrinconar cualquier vía de protesta.

Ni los partidos ni los sindicatos han abierto caminos para que transiten los reclamos ciudadanos. Y como corresponde, la sociedad busca sus propios vericuetos.

Multar a los que protestan, detenerlos, ponerlos en la picota pública porque “molestan” a los responsables de esta situación en el entorno de sus familias, solo convocará nuevas vías de protesta. Y si se cierran todos los caminos, la fuerza de los hechos promoverán una explosión social.

El PSOE, al fin, ha entendido que tiene que acercarse a los reclamos de los ciudadanos. La derecha, inmediatamente ha establecido que el PSOE se radicaliza. Porque pretende una sociedad sumisa que acepte con resignación los azotes que se le profieren. El PSOE se ha dado cuenta de que la inacción es su final. Y se ha empezado a mover sin que se tengan claros cuales son los riesgos que está dispuesto a asumir.

Mientras tanto, la infanta Cristina está pendiente de  comparecer ante los tribunales. La fiscalía y la abogacía del estado actúan como defensa de la infanta y no como acusación pública. El hijo de Jordi Pujol soporta el conocimiento público de que tiene 32 millones de Euros en paraísos fiscales. Igual que Luis Bárcenas. El Gobierno de Zapatero indultó al banquero Sáenz y el de Rajoy cepilla sus antecedentes penales para que siga siendo el número dos del Banco Santander. Y la lista de desigualdades sería interminable.

Esta contraposición de situaciones, de distintas varas de medidas en función del poder de los ciudadanos es un escaparate refractario de la desigualdad que no se puede soportar. Ajustes para los débiles y blindaje para los poderosos.

El Gobierno, la señora Mérkel y los poderes financieros debieran ser conscientes de que el cinturón que se aprieta a los ciudadanos ya no tiene más agujeros.

En la ciencia militar es norma básica que arrinconar al enemigo, sin ninguna salida, provoca una resistencia numantina. En eso estamos.

¿Quién puede parar el fin de la Unión Europea?

Chipre es un país pequeño en donde los experimentos económicos se pueden hacer sin demasiados costes políticos; naturalmente, para quienes adoptan las decisiones que aplican a terceros.

No hablamos mucho de Grecia ni de Portugal: sociedades esquilmadas, retroceso en el tiempo. Tampoco pueden hacerse valer en Europa porque tienen gobiernos dóciles y sus protestas envuelven un paisaje cotidiano que asimila las tragedias ajenas. No tienen masa crítica para influir.

Los partidos institucionalizados no son capaces de enfrentar la realidad de una Unión Europea disímil en el trato a sus miembros; oligarquía en la toma de decisiones. Hace tiempo que está demostrado que esta unión es inviable. Está a punto de llegar un punto de inflexión. La eclosión de nuevos partidos de esencia populista que van a defender lo que los ciudadanos quieren por asfixia. Nuevas reglas o nuevos modelos de integración. Una nueva Unión Europea o lo que puede ser más radical: la partición de esta organización adecuada a los intereses de los miembros, agrupados en los más poderosos y los más débiles.

Si lo primero que dicen es que las medidas de Chipre o las de Portugal y Grecia no son extrapolables, habrá que prepararse para lo peor. No queda un ápice de solidaridad en una dinámica en la que cada sociedad se interesa solo por lo que le pueda pasar a ella.

Hasta hace unos pocos años, todavía había creencias y mecanismos de que los poderosos tenían que ayudar a los débiles. Aunque fuera por crear mercados mediante mecanismos de homologación. Ahora Europa solo cree en los ajustes. Y no hay partidos de izquierda capaces de enfrentarse a esa disciplina. Incluso François Hollande ha tirado la toalla en la lucha por la solidaridad y el crecimiento.

Las sociedades, en parte, están adormecidas por las cataratas de información sobre las tragedias. Demasiada información es lo más parecido a ausencia de información. Pero no está excluido que las próximas elecciones europeas, cada día más cercanas, promuevan un tsunami de castigo contra los partidos establecidos que no hacen nada para detener este desastre. No hay nadie en el horizonte con luces largas para detener la deconstrucción de la Unión Europea.

Grillo y la implosión del actual modelo de democracia

Captura de pantalla 2013-03-02 a la(s) 4.16.58 p.m.La implosión del sistema político italiano es una amenaza para el actual modelo de democracia. Es la manifestación profunda de la disociación entre las instituciones y los ciudadanos. La respuesta de Grillo es coherente con la incapacidad de los partidos tradicionales de dar una respuesta a las demandas de los ciudadanos. Y quienes gobiernan las instituciones se suicidan por no perder sus privilegios. La respuesta hay que buscarla en el espectacular éxito del humorista Beppe Grillo.

La simplicidad del modelo de pensamiento instalado permite la reducción de Grillo a su estatus de cómico. Con esa simpleza se descalifican sus resultados. Pero lo cierto es que miles de italianos le han votado y se ha adueñado de la red como modelo de participación democrática.

Predica lo imposible, y en eso reside su atractivo. Quiere acabar con la impunidad de la corrupción, cambiar el modelo representativo de las papeletas por las redes; instalar la consulta permanente y la elección directa de los representantes mediante el voto cibernético. Grillo es un político del siglo XXI que no quiere prestarse a que el sistema ahogue las demandas ciudadanas metiéndolas en la trituradora de las instituciones.

A Beppe Grillo lo ha impulsado al éxito el intento de Ángela Merkel de imponer su candidato a los italianos. Los grandes partidos del pasado están sepultados por su incompetencia y no surgen estructuras diferentes a las que han desaparecido.

La enfermedad de Grillo es altamente contagiosa porque los partidos no están dispuestos a una transformación que acabe con el control de las élites sobre sus representados.

Los italianos están buscando su modelo de choque alternativo a un viejo sistema que solo sirve a los poderosos. Eso no quiere decir que Grillo sea la solución, pero es la espoleta de la gran transformación. La implosión, en Europa, viene desde Italia y nadie tiene el talento de atajarla con una verdadera transformación democrática de las instituciones y de los partidos.

Elecciones italianas; en España siempre nos quedará Torrente

Deconstruir un sistema de partidos sin convocar un recambio sostenible conduce al esperpento; no podemos olvidar que es un género literario que deforma la realidad y exalta lo grotesco. En Italia acaban de reafirmar su entusiasmo por esta modalidad literaria en la que tan maestro era Valle Inclán. Solo que se les ha olvidado que la vida no es solo literatura.

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El asunto viene de lejos. Con la caída del Muro de Berlín se pusieron en marcha mecanismos de destrucción de los partidos de izquierda y centro izquierda Europeos. La coartada, que era cierta, fue la corrupción. Desapareció el PSI, pilar de la restauración democrática italiana, hasta el punto de que Betino Craxi acabó sus días en el exilio de Túnez. La marea alcanzó al Partido Comunista Italiano (PCI) de Enrico Berlinguer, otro pilar de la democracia italiana de la postguerra. Los mismos intentaron acabar con el prestigio de Mitterrand y dinamitaron las columnas de La Moncloa de Felipe González.

Veinte años después de aquel ejercicio de Mani Pulite, Italia es un erial político sin partidos que estructuren una sociedad política con mecanismos complejos de estabilidad.  Acabar con lo que existe es un simple mecanismo de demolición; construir estructuras de recambio no es fácil porque los edificios políticos sólidos requieren del reposo del tiempo.

Un sinvergüenza, Berlusconi, y un cómico que responde al nombre de Beppe Grillo, son los herederos impostados de la finezza política italiana. Y ahora, la ingobernabilidad es la respuesta a otra impostura: la de un tecnócrata como candidato de la señora Mérkel.

Si el esperpento italiano está cimentado en el descrédito de la política, en España no falta material de construcción y seguro que hay ingenieros solapados. De momento, a la cabeza de la deconstrucción de la política desde las instituciones se ha situado Rosa Diez con su proyecto personal de UPyD. Populismo en estado puro. Machismo de conveniencia. Recoge los rescoldos inservibles del PP y los amasa según los ecos del momento. Y no va mal en las encuestas.

No falta casi de nada. El expresidente de la CEOE está en la cárcel y el actual número dos presume de que no paga la seguridad social. Urdangarín y Corinna se encargan de la demolición de la Monarquía. Y #Bárcenas retrata la honestidad del PP.

La indignación generalizada promueve el rechazo a los partidos convencionales se desmoronan . El bipartidismo imperfecto genera una fusión PPPSOE que hace las delicias de las redes sociales. Y el PSOE no quiere encontrar el camino de la regeneración. Ni siquiera forma un dueto con sus hermanos del PSC que quieres ser españoles rompiendo con España.

Los ingredientes para el coctel están servidos. Y la historia enseña que ver las patas al lobo no convoca a guardar el ganado.

El grito generalizado contra los partidos y los políticos está instalado en el ambiente. No sin motivos. La indignación en las calles es observada con una mezcla de temor y desdén desde los despachos de Ferraz; el PSOE no está acostumbrado a respetar lo que no controla. Y ya casi no controla ni a los suyos.

Bueno, seguiremos pendientes de que Izquierda Unida madure; de que los sindicatos quieran ser autónomos del poder y de que los socialistas pasen la aspiradora. Pero mientras tanto, la atracción del abismo italiano y de dejar que el terremoto se lleve todo por delante, seguirá creciendo en España. Y ni siquiera vive Toni Leblanc para tener un humorista de cabecera. Un buen aspirante al poder puede ser José Ignacio Wert, maestro del esperpento.  ¿Tal vez la alternativa razonable sea Torrente?

Por qué Rajoy no se siente responsable de nada

El país está en llamas, patas arriba. Los índices económicos y sociales, la conflictividad social y la inestabilidad política son indiscutibles, sobre todo por la incertidumbre catalana. Y quien gobierna España no se siente responsable de nada amparado en dos sofismas: “la realidad impone la forma de gobernar contra su voluntad” y “la herencia recibida es la culpable de todos los males de la sociedad española”.

La propaganda ha conseguido que las dos excusas funcionen en cierto modo. Las imposiciones del sistema financiero y de los organismos internacionales dictan las normas de gobierno y Rajoy pretende que no le queda otro remedio que obedecer. Y, después de más de un año de gobierno, pretende que el empeoramiento general de la situación española es culpa exclusiva del Gobierno anterior.

A su favor tiene el desprestigio del PSOE y, sobre todo, del ex presidente Zapatero. Como además el actual líder del PSOE estuvo al lado del presidente Zapatero en todas sus decisiones, el terreno está abonado para que cuaje la idea de una culpabilidad de Zapatero que Rajoy pretende que le exculpa a él.

Todo esto es muy infantil, pero funciona arropado por la mayoría mecánica del Partido Popular en las Cortes Generales. Y por una criminalización de quien protesta. Los sindicatos son desacreditados por interesados y corruptos; los médicos y los jueces  solo defienden intereses corporativos; los funcionarios son unos privilegiados que no quieren trabajar. Y así sucesivamente, en un intento de echar a unos ciudadanos contra otros.

La mayoría de los ciudadanos no comulgan con estas creencias. Lo demuestran todos los estudios demoscópicos que desacreditan la labor del Gobierno de Rajoy. Pero el corolario perverso de esta situación es el estancamiento del partido de la oposición que al no crecer con respecto al PP le da tranquilidad electoral a la actuación de Rajoy. El presidente no tiene prisa, porque los ciudadanos descontentos, aguantan. Y la ola de protestas tiene un efecto limitado por la falta de unidad de acción de todos esos vectores de rebeldía.

La agenda ideológica conservadora camina paralela a los recortes en el estado del bienestar. No solo se altera el estatus quo alcanzado en la sociedad española sobre los derechos que eran fundamentales, sino que siente las bases de una sociedad más desigual para el momento en que llegue la recuperación económica.

A pesar de los malos augurios para el 2013, Rajoy no solo no rectifica sus proyectos sino que los va a endurecer con la  aceptación de nuevos requisitos de recorte y con la reforma de la edad de jubilación. No se siente responsable de nada y como un padre autoritario afirma que el castigo a los ciudadanos es por su bien.

La democracia está perdiendo su esencia y no hay medidas alternativas ante un gobierno inflexible que goza de la desaprobación de los ciudadanos. Se impone el fatalismo de que hay que esperar otros cuatro años para elegir un nuevo gobierno en donde seguramente no habrá alternativas. La desafección provocará la ruptura del pacto democrático, pero esa fecha ni siquiera si intuye.

Sin una rebelión democrática no hay solución a estos dilemas. Pero la falta de cohesión de la protesta hace que esta rebelión organizada no se vislumbre. En estas arrancamos el 2013 con muy poca esperanza.

#2012, El año que devoró a la política

Rajoy confesó que gobernaba con la imposición de la realidad; en realidad lo que quiso decir es que los poderes económicos mandan sobre los representantes de la soberanía popular. Este principio se consagró de forma implacable en el 2008, cuando los poderes públicos se doblegaron a los poderes financieros al estallar esta crisis.

En el año 2012 Mario Monti lo ha confirmado. El todavía primer ministro italiano se ofrece a los partidos de centro para gestionar Italia como si se tratase de una sociedad anónima de la que pretende ser consejero delegado. La manifestación más clara de privatización de la política entregada a la economía.

Ahora observamos que hay decenas de miles de millones para rescatar bancos en España sin que siquiera hayan pagado por hundirlos quienes lo hicieron. Y en cambio no hay dinero para gastos sociales. Se privatiza la sanidad como una demostración de que un negocio es más adecuado que un servicio público. Pero los gestores que manifiestan su fracaso no se van. Venden la gestión.

Rajoy no puede domeñar la realidad porque los organismos económicos internacionales le dictan cada uno de los recortes que tiene que hacer para cargarlos sobre el bienestar de los ciudadanos. Y él obedece sin resistencia. Así de claro; así de sencillo.

La democracia formal se conforma con la liturgia electoral en donde los partidos no están comprometidos con sus electores en el cumplimiento de un programa electoral. Cuando se gana el poder, les basta con afirmar que la realidad impone hacer justo lo contrario de lo que prometieron. Y no pasa nada. Como los partidos, ningún partido, está dispuesto a subvertir ese orden de imposición económica, las siguientes elecciones, gane quien gane, es una repetición automática del mismo principio.

La única salida de esta trampa es una rebelión de los ciudadanos que no acepten elegir a partidos que no tienen independencia para gobernar. Es una rebelión complicada, porque ningún partido, ningún sindicato y ninguna organización de masas implantada se ofrece para encabezar esa rebelión.

La historia está llena de desbordamientos ciudadanos. Cuando la paciencia se agota explota el consenso social. La resignación es el refugio de los que aceptan la derrota. Y todavía no ha ocurrido que todos los sectores perjudicados por esta forma de entender la política se hallan dado cuenta de que el futuro todavía les pertenece si tienen el coraje de vencer su miedo y su resignación.

¿Un dos de mayo contra el invasor alemán? Navidades, el tiempo encapsulado

El calendario tiene agujeros negros que absorben los acontecimientos. Las únicas noticias que sobreviven esos días son las catástrofes: accidentes de avión, asesinato de bomberos en Nueva York; también los mensajes de quienes tienen que justificar su papel institucional, el Papa y el Rey, por ejemplo. El tiempo se encapsula para esperar a que las fechas mágicas del ocultamiento de la información se terminen.

Ocurre en Navidades, Semana Santa, agosto… No deja de ocurrir nada en la vida cotidiana de los ciudadanos comunes; descansan los que gobiernan las finanzas y el mundo. Nostalgia de que descansaran para siempre, pero volverán a tomar decisiones sobre la vida de todos sin contar con nosotros. Solo esperamos unos días para seguir recibiendo castigo.

En España las Navidades se prolongan hasta el siete de enero. Estos días José Ignacio Wert se ha tomado un respiro en sus provocaciones y Alberto Ruíz Gallardón toma fuerzas para seguir con sus reformas censitarias. Y Mariano Rajoy, después de desearnos a todos que tengamos comportamientos militares, entiendo que de obediencia al mando, ha regresado de Afganistán y está afilando las guadañas de nuevos recortes.

No hay un solo dato en el horizontes que invite a la esperanza para el año que alumbrará dentro de unos días. La Banca, inyectada de dinero fresco europeo sobre nuestras costillas, prepara cierres de oficinas y más despidos. Y, por supuesto, seguirá desahuciando y negando créditos. Muchos compañeros de la prensa no volverán a trabajar nunca más en sus vidas. Las percepciones –derechos adquiridos- de muchos ciudadanos por desempleo se han agotado. Hay cientos de miles de familias sin ningún ingreso. Las grandes fortunas han hecho su agosto con la crisis: son un 8,4 más ricas.
Y la perplejidad impide analizar críticamente lo que está ocurriendo amparada por el falso paraguas de que todo esto es inevitable. Y de verdad que no lo es.

Hace falta un manifiesto unificador del descontento para revertir esta situación. Pero ni los partidos de izquierda ni los sindicatos están a la altura de las circunstancias. La marea catalana trata de envolverlo todo con señuelos secesionistas como solución de la incapacidad política. Intentarán que responsamos con dosis de patriotismo automático. Pero si España no se ocupa de sus hijos no podrá pedir que sus hijos se ocupen de España.

En realidad estamos pendientes de la metrópoli. Somos ciudadanos alemanes de segunda categoría porque obedecemos a Ángela Merkel sin poder votar en su elección.

No me siento adherido a esta Europa que nos trata como ciudadanos de segunda. Empiezo a considerar la hipótesis de que siendo pobres es mejor que pudiéramos gobernar nuestra pobreza. Aunque solo sea por no soportar los incumplimientos de Rajoy como norma de conducta amparándose en las imposiciones alemanas. No espero mucho del 2013 salvo que los españoles nos despertemos del letargo y hagamos un dos de mayo contra el invasor alemán. Como en 1808, la clase dirigente solo obedece al invasor. 

Alemania humilla y liquida a Europa

El problema no es solo España. El Euro está gravemente amenazado. La posibilidad de una intervención de España está presente como nunca lo ha estado. Y la quiebra de España arrastraría las economías más débiles de la Unión Europea, empezando por la de Italia.

La dimensión de la economía española es mayor que la suma de las economías de Grecia, Portugal e Irlanda. Una intervención de España sería de tal calado que pondría la supervivencia del Euro en una situación imposible.

Alemania ha regresado al nacionalismo con una deriva xenófoba hacia los países del sur. Ángela Merkel se ha zafado del liderazgo europeo que Alemania había adoptado desde el nacimiento de la Unión Europea para refugiarse en la pretensión de una Alemania grande en una Europa débil. Su miopía electoral, además, le hace perder las elecciones regionales y prepara el camino para una derrota en las elecciones generales del año que viene. La recesión se instala en Europa en el momento en que los ejes de la política internacional exigirían una Unión Europea sólida y homologada para garantizar su presencia en un mundo cambiante.

Alemania está provocando la eutanasia de una Europa en decadencia y está dinamitando los sueños de una continente de ciudadanos libres e iguales.

La presumible victoria electoral de François Hollande en Francia puede ser el punto de inflexión hacia nuevas políticas en Europa que compaginen los pagos de las deudas con políticas expansivas que permitan el crecimiento económico.

Alemania no se ha dado cuenta de que la pobreza de la Europa del sur garantiza su declive económico.

Mientras tanto, Rajoy ha perdido la credibilidad y el control de la política española y ha demostrado su incapacidad para cualquier iniciativa europea.

La tragedia española radica en la mediocridad de su clase dirigente –PP y PSOE incluidos- y en el sometimiento a la población de unas medidas de empobrecimiento que ahora, con los nuevos anuncios represivos sobre los derechos de opinión y manifestación, toman, además, una deriva autoritaria.

El dogma neoliberal instalado en la mayor parte de los gobiernos europeos pretenden que no hay otra política posible más que el empobrecimiento de los ciudadanos del sur. No hay voluntad pero sí hay otras políticas posibles. Y ahora mismo la responsabilidad la tienen los ciudadanos de España y del resto de Europa para recuperar la acción política que someta a los mercados a la soberanía de las instituciones de la democracia.

Si no paramos la deriva autoritaria y nacionalista de Alemania seremos arrastrados a un abismo del que tardaremos generaciones en salir.

¿Nos van a obligar a salir del Euro?

Solo un ciego puede dejar de ver el fracaso de la política económica impuesta por la UE (Alemania) y por el Fondo Monetario Internacional. Las medidas exigidas a los países del sur de Europa solo están consiguiendo colapsar sus economías y condenar a  la pobreza a sus poblaciones. Grecia está en una recesión de más del cinco por ciento. Portugal, con recetas de ajuste impuestas hace más de un año, tiene colapsada su economía. España inaugura unos presupuestos generales que no solo han confirmado la incredulidad de los mercados hacia el éxito de esas recetas sino que recibe continuamente impulsos de que más sacrificios son necesarios. ¿Cuál es el límite de estrangulamiento de estas economías?

La ideología predominante es dogmática. Pretende instalar la creencia de que no hay otra salida que una austeridad que conduce a la pobreza. El sustrato de ese mantra es una demonización del sur que estaría formada por personas indolentes que no son capaces de gestionar sus propios asuntos públicos. Se ha decretado el final de la política y la exaltación de que los mercados sin regulación delos poderes legítimos que pueden dejar de serlo; son quienes deberían gobernar y son un instrumento de obediencia de los poderes financieros.

Todos estos supuestos están impuestos desde una concepción de utilitarismo económico que se niega a tomar medidas imprescindibles como el cierre o bloqueo de los paraísos fiscales, la inversión financiera para relanzar la economía productiva, la homologación fiscal europea y, sobre todo, la recuperación de la solidaridad como elemento de homologación y cohesión de Europa.

Si la exigencia de ajustes es el único fármaco para esta enfermedad, las economías del sur de Europa harán imposible el funcionamiento de la Unión. ¿Ha llegado el momento de considerar la salida de la Unión Europea como una vía que con muchos sacrificios nos permita gobernar nuestro futuro? La pregunta es escalofriante por el reto que supone, pero quizá haya llegado el momento de preguntarles a los alemanes si realmente no somos necesarios para su futuro.

Si una Europa Unida no hay influencia en este mundo cambiante. Pero para que esta realidad continental sea posible, hay que cambiar los parámetros de su política economía que permitan al sur cumplir con sus compromisos y reactivar sus economías al mismo tiempo. Eludir esta encrucijada es pensar que el sur puede ser un criado del norte.

La línea roja de los ajustes sobre las poblaciones del sur se ha traspasado cuando ninguna de las medidas adoptadas es suficiente. A cada recorte se añade una nueva exigencia. Y las poblaciones, sumida en el miedo, la indignación y la rabia contenida asiste a este espectáculo de indignidad en donde los poderosos lo son cada vez más y la clase media y los trabajadores retroceden a épocas que se pensaban que nunca volverían.

¿Puede la Europa del norte funcionar sin la Europa del sur? ¿Puede el Euro sobrevivir a una fractura que deje fuera a Italia, Grecia, Portugal y España?

Más allá de la miopía electoral de la señor Mérkel está el gran proyecto europeo que todavía se puede salvar. Solo hace falta entender que el nacionalismo del sálvese quien pueda es incompatible con los principios que harían grande a la Unión Europea. Pero ese diagnóstico no se quiere considerar porque quienes gobiernan Alemania prefieren ser alemanes que ejercer de europeos. ¿Nos van a obligar a salir del Euro?