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Democracia sin partidos
Hay un agujero negro en la actual crisis que succiona a los partidos tradicionales. Las encuestas son tozudas: cae el PP y se estanca el PSOE. El concepto acuñado es desafección. Tiene una explicación lógica. El PP ha incumplido su programa electoral hasta realizar el proyecto inverso que prometió. Incluso ha teorizado sobre ello.
Mariano Rajoy explicó que “no ha cumplido sus promesas porque ha cumplido su deber”. Difícil razonamiento; imposible de entender. Aludir a la herencia recibida no justifica el incumplimiento electoral porque tenía información de cómo estaban las cosas cuando concurrió a las elecciones.
El corolario del PSOE no es menos dramático. El rostro de Rubalcaba recuerda cada día que ahora exige lo que no realizó. Otra forma de incumplimiento retroactivo. En ese estancamiento se diluye la confianza de los electores ciudadanos. No saben a quien votarán. Aunque todavía falte mucho para la primera cita, que serán las elecciones europeas, la paradoja se acentúa porque es casi metafísicamente imposible que esa pérdida de votos y de confianza la absorban los partidos menores. (…)
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Caballo ganador o refundación del PSOE
He hablado con distintos militantes cualificados del PSOE en los últimos días; muchos nervios con la tozudez de las encuestas y con la falta de visibilidad del PSOE como alternativa. La receta de que el tiempo lo cura todo se pone en cuestión. Alfredo Pérez Rubalcaba lleva su pasado inmediato impreso en la frente. No tiene crédito para ejercer con eficacia el liderazgo de la oposición. Se le ve a él y se le recuerda en compañía de Zapatero. Un estigma imposible de borrar.
Pero quizá esto, con ser grave, no es lo peor que le pasa al PSOE. El problema es que el PSOE ha dejado de ser un partido con decisión para conectar y liderar a la sociedad. Ahora solo aspira a tener condiciones para volver a ocupar el poder.
Desde año muchos años, el PSOE no es un partido de masas en la acepción técnica del concepto. Su vocación es el poder y no la sociedad. Sus militantes no tienen mecanismos de participación y liderazgo social al margen de la presencia de sus representantes en las instituciones. Su desconexión con la calle ha propiciado un aggiornamiento sin revisar radicalmente su tecnología política, su organización, su proyecto y su programa. Un partido de izquierda, tiene, por definición, que organizar, propiciar e impulsar el trabajo político de sus militantes en la sociedad.
Si se convierte en una mera maquinaria de propaganda y de asalto al poder con la labor mediática de sus cuadros, se convierte en un partido de cuadros, característica típica de los partidos conservadores. Cada militante tiene que tener asignado un trabajo político en la sociedad en función de su dedicación profesional y sus capacidades.
El proyecto del PSOE está caduco. Ahora propicia muchas cosas que no fue capaz de ejecutar en ocho años en el Gobierno. La trampa de la socialdemocracia ha sido jugar en el terreno de juego del capitalismo. Descalzos en el fango contra un neoliberalismo acomodado con botas de clavos. Cesiones para conquistar la adhesión de una clase media que se está destruyendo precisamente por no haber impulsado medidas de transformación socioeconómica de la sociedad. Demasiada preocupación por conseguir la comprensión de los poderosos.
El PSOE no tiene mucha gente que confíe en él porque sus respuestas carecen de una radicalidad transformadora.
El liderazgo es importante si hay un proyecto consolidado claro y una militancia organizada. Los bueyes han sido útiles en la agricultura. Si no tienen los arreos adecuados y la asignación clara de objetivos de cultivo no sirven más que para el consumo humano.
El PSOE se ha acostumbrado a buscar un caballo ganador, en acepción también establecida por José Luis Rodríguez Zapatero. Si hay un líder potencial pero no hay proyecto ni organización conjuntada y eficaz, el caballo ganador no podrá ganar la carrera. Se llame Madina, Patxi López o el más brillante de los caballos de carreras.
Mayo del 2013: sin espacios para el disenso
Como era previsible, el conjunto de medidas impuestas por la Unión Europea y aplicadas por el Gobierno, no solo no han mejorado la situación económica, sino que la han agravado. La respuesta, instalada en la tozudez, es más dosis de una medicina inicua que agravará la situación del paciente, de la mayoría de los ciudadanos. La Unión Europea exige a Rajoy más impuestos y nuevos recortes. Y el estado de indignación de la sociedad entenderá esos nuevos sacrificios como una provocación.
Mayo tiene, desde el 68, un sello de rebeldía. Es un mes carismático y adecuado a la explosión social. Y los disensos de la sociedad con las imposiciones del poder no encuentras vías de manifestación que dibujen un camino hacia un nuevo consenso social.
Una sociedad arrinconada termina por reventar; cuando se empuja contra un muro, la salida, en la estrategia militar, convoca a la rendición o a la lucha desesperada. Y en esas estamos. Los llamados escraches son la válvula de escape para acercarse a unos dirigentes que se han blindado frente a las legítimas protestas de los ciudadanos. Y la solución que se plantea no es atajar la raíz de los problemas sino nuevas medidas coercitivas para cerrar y arrinconar cualquier vía de protesta.
Ni los partidos ni los sindicatos han abierto caminos para que transiten los reclamos ciudadanos. Y como corresponde, la sociedad busca sus propios vericuetos.
Multar a los que protestan, detenerlos, ponerlos en la picota pública porque “molestan” a los responsables de esta situación en el entorno de sus familias, solo convocará nuevas vías de protesta. Y si se cierran todos los caminos, la fuerza de los hechos promoverán una explosión social.
El PSOE, al fin, ha entendido que tiene que acercarse a los reclamos de los ciudadanos. La derecha, inmediatamente ha establecido que el PSOE se radicaliza. Porque pretende una sociedad sumisa que acepte con resignación los azotes que se le profieren. El PSOE se ha dado cuenta de que la inacción es su final. Y se ha empezado a mover sin que se tengan claros cuales son los riesgos que está dispuesto a asumir.
Mientras tanto, la infanta Cristina está pendiente de comparecer ante los tribunales. La fiscalía y la abogacía del estado actúan como defensa de la infanta y no como acusación pública. El hijo de Jordi Pujol soporta el conocimiento público de que tiene 32 millones de Euros en paraísos fiscales. Igual que Luis Bárcenas. El Gobierno de Zapatero indultó al banquero Sáenz y el de Rajoy cepilla sus antecedentes penales para que siga siendo el número dos del Banco Santander. Y la lista de desigualdades sería interminable.
Esta contraposición de situaciones, de distintas varas de medidas en función del poder de los ciudadanos es un escaparate refractario de la desigualdad que no se puede soportar. Ajustes para los débiles y blindaje para los poderosos.
El Gobierno, la señora Mérkel y los poderes financieros debieran ser conscientes de que el cinturón que se aprieta a los ciudadanos ya no tiene más agujeros.
En la ciencia militar es norma básica que arrinconar al enemigo, sin ninguna salida, provoca una resistencia numantina. En eso estamos.
Felipe y los escraches. Hipocresía y discriminación
Lamento no ser políticamente correcto. Mi compromiso intelectual no me lo permite. Me cuesta mucho trabajo abstraerme de la situación excepcional que vive la mayoría de la ciudadanía. Creo firmemente en los valores de la Constitución. Pero creo en todos ellos, sin burbujas que pretendan que algunos derechos son retóricos, aunque sea por imposibles. No concibo ninguna forma de democracia censitaria en la que los derechos y los valores tengan relación dispar con los orígenes, la renta o cualquier otro baremo asentado en la discriminación activa o pasiva.
La intimidad es un bien a proteger y se sintetiza en el adagio inglés del “derecho a estar solo sin injerencias exteriores cuando esa sea la voluntad del individuo”. Pero el mismo derecho a la intimidad tiene el Rey que el más humilde de los ciudadanos.
El más pobre de los ciudadanos tiene derecho a una vida digna y a un gobierno que le sirva. Todos tienen derecho a proteger a sus hijos y a su familia frente a cualquier situación humillante. Y no hay excepciones pero si grados de posible incumplimiento.
Un responsable político y un dirigente económico están tan protegidos como cualquiera frente a cualquier intromisión en su intimidad. Y, en consecuencia, el hogar, como reducto sagrado de esa intimidad, debe ser protegido en todos los casos y para todos los ciudadanos.
Y vayamos a los hechos que nos ocupan.
Existe un debate nacional sobre la legitimidad de los llamados escraches o protestas ante los domicilios o las oficinas de representantes políticos que tienen responsabilidad directa con la gestión de la crisis y con las medidas que se están adoptando como solución. Y el pensamiento establecido se apresura a determinar que lo que consideran derechos vulnerados de esas personas tienen que ser restablecidos, al amparo de la fuerza de la ley. Parece razonable.
Felipe González, ex presidente de Gobierno y ex líder del PSOE, también se ha pronunciado en defensa de los derechos de quienes se sienten acosados por la indignación ciudadana.
Un pensamiento políticamente correcto, el del ex presidente González. Y podía suscribirse sin matices, pero yo quiero poner algunos condicionantes.
El derecho a la propiedad y la seguridad jurídica de las transacciones económicas está regulado por ley y se diseñó para su aplicación en circunstancias normales. Si alguien tiene un crédito con garantía hipotecaria, en caso de impago, está establecido que se ejecuten esas garantías. Mi disenso radica en que no estamos en circunstancias normales; son absolutamente excepcionales. El marco jurídico en que se reguló la ejecución de esas medidas de control y garantía de las hipotecas ha saltado por los aires en una crisis económica en la que tienen mucha más responsabilidad los dirigentes que sus representados. Se produce la paradoja de que muchas instituciones financieras han tenido una protección excepcional cuando su situación era de quiebra y las medidas jurídicas a adoptar eran dejarlas caer y desahuciar económicamente a sus propietarios y responsables. Ante una situación de excepcionalidad se adoptaron soluciones excepcionales. Cerca de sesenta mil millones de euors se han inyectado, con la garantía de los impuestos de los ciudadanos, a esas entidades en quiebra que sin embargo no tienen piedad con quien incumple sus obligaciones hipotecarias. ¿Puede haber una vara de medir más discriminatoria? ¿Por qué no medidas excepcionales para proteger igualmente, con los mismos criterios, a los más débiles?
La mayor violación de la intimidad de un ciudadano es el desahucio o desalojo de su casa delante de sus hijos y sus vecinos. Esa violencia legal estaba justificada cuando el marco socioeconómica determinaba también una seguridad jurídica de quien contraía esos compromisos de acuerdo a la situación que imperaba cuando los contrajo.
Cientos de miles de familias han sido desahuciados no porque ellos hayan protagonizado el marco de su situación económica sino como consecuencia de la crisis y, sobre todo, de las medidas adoptadas para combatirla. La igualdad y la universalidad de las medidas ha sido y es discriminatoria para los humildes y protege a los poderosos. Se ha creado una burbuja de protección para quienes son importantes y se ha explotado la de quienes no lo son.
La excepcionalidad de la situación convierte en ilegítima e injusta la aplicación de las clausulas de garantía de muchos desahucios. Y la protección que merecen los afectados está por encima del cumplimiento de sus contratos. Sobre todo porque las circunstancias actuales determinan y demuestran que muchos responsables de la crisis no solo no han pagado por ello sino que siguen siendo beneficiarios a costa de la tragedia colectiva.
Poner en primer plano los derechos a la intimidad y exigir la protección de este colectivo de poderosos sin resolver la tragedia de quienes pierden su casa como consecuencia de la crisis es un acto de hipocresía social insoportable.
Por eso me permito recordarle a mi admirado Felipe González que su posición políticamente correcta está huérfana de la misma radicalidad en la exigencia de que se acabe inmediatamente la progresión de las medidas que determinan una democracia desigual en que unos son protegidos y otros son abandonados en función de su dinero, su poder y su influencia.
Y mientras tanto, no seré yo quien considere ilegítima cualquier manifestación de rechazo, que sea pacífica, allí donde radiquen o se escondan los responsables de esta situación.
El suicidio imparable de las instituciones
Las palabras, que tratan de reflejar la profundidad de la crisis, se descontextualizan por su uso reiterado sin efectos terapéuticos. Pierden sentido porque cuando revelan tragedias y urgencias, en la política española, ninguno de los afectados recurre a la catarsis.
La democracia española está desnaturalizada y ha perdido la virtualidad de permitir una sociedad transitable. Las encuestas son tozudas e indiscutibles. Se han roto los nexos de unión de la mayoría de los ciudadanos sus representantes y las instituciones.
Es casi imposible encontrar una institución en la que confíen los ciudadanos. La lista sería interminable, pero desde luego no se salvan ni los partidos, ni los sindicatos, ni los organismos reguladores de la vida económica, ni las organizaciones empresariales. Y tampoco la Monarquía. Este barco que es España, tiene tantas vías de agua que no admite recomposiciones; no sería exagerado hablar de una refundación como país.
La pasividad de los responsables de esta situación indican claramente que les falta coraje porque entienden que, desde la comodidad aparente de su situación actual, los cambios imprescindibles reducirían sus privilegios. Sencillamente no están por la labor.
La Monarquía es la última institución que ha entrado en la trituradora social. Siempre estuvo sujeta por alfileres, anclada en la creencia de que había sido una herramienta útil de la transición. Fue implantada con fórceps, como solución de un tránsito de la dictadura, en la que la figura del entonces príncipe había estado comprometida, a la democracia posible. Entonces, el riesgo de involución, la insoportable realidad del terrorismo y el poder que tenían todavía los militares del franquismo, nos empujó a los brazos de una corona reinventada. Ese idilio forzado por la tozudez de los hechos, se ha roto.
No hay entusiasmo republicano y hay desafección monárquica. La Constitución tiene las costuras rotas por la falta de consenso de la conceptualización de España y por la incapacidad de dar respuesta práctica a las demandas imprescindibles de los ciudadanos.
La única solución para evitar el caos es una refundación de la democracia española que parta de un nuevo proyecto constituyente. El problema es que el tiempo es limitado y mañana puede ser demasiado tarde.
El nuevo líder del PSOE será de 40 pulgadas
El Partido Socialista ha anunciado cambios inminentes en su estrategia política para adaptarse a los nuevos tiempos y superar su actual crisis de liderazgo.
“Antes se quería acercar la política a la calle pero ahora esto no tiene sentido: es en el salón de casa donde debemos estar, hablando de tú a tú con la gente en un entorno relajado”, ha explicado Elena Valenciano, vicesecretaria general del partido.
Hablará a la gente sin parpadeos
El nuevo dirigente de la formación, “preparado para trabajar a pleno rendimiento”, será de 40 pulgadas, 8 más que las del líder de los populares, y se dirigirá a los ciudadanos “sin parpadeos y a través de todos los canales posibles”.
Usará también la última tecnología LED Full HD y será el primer dirigente negro de los socialistas, “porque en este sentido estamos en la línea de las grandes potencias como Estados Unidos”.
El PSOE considera, en definitiva, que es en el salón de casa donde los españoles se dedican a entretenerse y a informarse, y en él se muestran más abiertos a escuchar.
“Los videojuegos, las películas, Internet, los telediarios, Rubalcaba… todo esto se articula hoy en día a través de un único dispositivo multimedia, y nuestro partido quiere estar allí”, insiste Valenciano.
La idea de elegir un nuevo líder de 40 pulgadas responde también a los cambios que el propio Gobierno ha efectuado en su estrategia de comunicación, y que ahora los socialistas quieren superar: “Las 32 pulgadas de Mariano Rajoy son insuficientes para llegar a tantos millones de españoles. Nuestro proyecto reúne 16,7 millones de colores políticos distintos, pero conformando una sola imagen que sintetiza todas estas sensibilidades, ofreciendo un discurso definido, claro y a 400 hercios”.
La formación ha confirmado también que el líder será ultradelgado, continuando así con el estilo inaugurado por Alfredo Pérez Rubalcaba.
Lo que el PSOE no ha querido confirmar aún es si el dirigente necesitará enchufe. “Lo que intentaremos es que consuma poco y que haya un único mando para evitar tensiones internas”, ha declarado Elena Valenciano.





La sede del PSOE de la calle Ferraz, en Madrid, acoge desde esta mañana una exposición de autógrafos del expresidente del Gobierno, Felipe González. 




